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Full text of "Recursos para la Escuela Sabatica (2do. Trimestre 2008)"

La esperanza de Zuri 

El ruido y las peleas que ocasionaban las fiestas no le 
agradaban a Zuri. El tenía una idea mejor. 







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Zuri es un aldeano que vive en la sierra, en 
la región central de México. Como la mayoría de 
las aldeas, la de Zuri celebra cada año sus festiva- 
les religiosos y seculares. En dichas fiestas, la 
gente acostumbra comer, beber, reír, y bailar. 
Durante todo el año todos los días trabajan muy 
duro, y cuando es tiempo de celebraciones la 
gente prefiere olvidar sus problemas y divertirse. 
A los aldeanos les gustan mucho esas fiestas, pero 
a Zuri no le atraen. 

En muchos de los festivales, el padre y sus 
amigos se emborrachaban. Empezaban a pelear, y 
por lo general, alguien salía lastimado. A Zuri no 
le agradaba como se comportaba su padre cuan- 
do tomaba. Tampoco le gustaban el ruido y las 
peleas que implicaban las fiestas. En una ocasión, 
después de una fiesta, Zuri le comentó a su padre 
cuánto las detestaba. 

— ¿Pero qué le podemos hacer? — le pre- 
guntó el padre — . Ya ves que aquí vivimos. 

La sugerencia de Zuri 

— Podríamos ir a la iglesia adventista el día que haya algún festival — sugirió 
Zuri — . Esa gente se divierte, pero no toman ni bailan, y nadie sale lastimado. 

— ¿Cómo sabes eso? — preguntó el padre. 

— Los he visto — dijo Zuri — . Tienen noches de juegos y todos se divierten. Y 
he asistido a unos programas donde cantan mucho. Es muy agradable. 

Zuri decidió no contarle a su padre que había ido al río a ver los bautismos de 
la Iglesia Adventista. Había escuchado cómo cantaban los himnos mientras el pas- 
tor bautizaba a las personas. Zuri apreciaba a esta gente. Se sentía bien al pasar 



DATOS DE INTERÉS 

•* México es el quinto 
país más grande del 
hemisferio occidental. La 
capital es la Ciudad de 
México, que tiene aproxi- 
madamente 20 millones 
de habitantes. Una quinta 
parte de los habitantes de 
México viven en la capital 
o en sus alrededores. 

** Más de 107 millones 
de habitantes viven en 
México, de los cuales 
431.000 son Adventistas 
del Séptimo Día. Es decir, 
un adventista por cada 
250 personas. Pero en 
algunas áreas hay única- 
mente un adventista por 
cada 900 habitantes. 



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tiempo con ellos. El papá conocía la 
Iglesia Adventista y respetaba a los cre- 
yentes. Le dijo a Zuri que si él deseaba, 
podía asistir a los programas de la igle- 
sia. 

Zuri asiste a la iglesia 

El sábado siguiente Zuri fue a la 
Escuela Sabática. Le gustó mucho el 
programa de los niños y decidió ir 
cada semana. Después se enteró que la 
iglesia tenía reuniones por las tardes 
entre semana, y asistió también a esos 
servicios. Le gustaba sentarse en la fila 
delantera donde podía apreciar a los 
guitarristas que tocaban y cantaban. 
Zuri tenía esperanzas de también 
poder tocar la guitarra algún día. 
Pero, mientras tanto, podía cantar 
con ellos. 

Unos meses después, Zuri invitó a 
sus padres a asistir a los sociales de la 
iglesia. Fueron con él y los disfrutaron 
mucho. Después los invitó a las reu- 
niones regulares, y ellos aceptaron 
acompañarlo. Les encantaron los pro- 
gramas y estuvieron muy felices de ver 
cómo los miembros habían aceptado a 
su hijo Zuri en su círculo de amigos. 

El deseo de Zuri 

Un día el pastor anunció que pronto 
habría bautismos. Zuri recordó haber 
visto los bautismos en el río. Quería 
bautizarse y ser parte de la familia 
de Dios. 

Zuri le pidió permiso a su papá 
para bautizarse. Pero su padre le 
dijo que estaba demasiado joven y 
que era una decisión para adultos. 
Zuri le preguntó al pastor si tenía que 




ser adulto para ser bautizado. El pastor 
le respondió que quien quiera que 
deseara bautizarse y seguir a Cristo 
tenía derecho de hacerlo. Zuri corrió a 
la casa y les contó a sus padres lo que le 
había dicho el pastor. Y los padres le 
dieron permiso para que se bautizara. 

El sábado, Zuri le informó al pastor 
que sus padres le habían dado permiso 
para que se bautizara. El pastor le 
habló de las creencias de los adventistas 
y lo que Dios espera de cada uno de 
nosotros. Zuri escuchaba con entusias- 
mo lo que significaba ser un adventista. 

El día del bautismo, Zuri apresuró el 
paso hacia el río con un bulto de ropa 
seca. En otros tiempos había mirado 
los bautismos desde la orilla del río; 
ahora era el turno de sus padres obser- 
var el suyo. 

Zuri animaba a su familia que asis- 
tiera a la iglesia cada sábado. Unos 
meses después, Zuri se encontraba a la 
orilla del río contemplando un bautis- 
mo. Esta vez eran su papá y su mamá 
quienes se bautizaban. 

Ahora Zuri está feliz de ver que toda 
su familia es adventista. Cuando llega 
el tiempo de los festivales, su papá ya 
no se emborracha ni se mete en pleitos. 
En cambio, la familia entera pasa el día 
con sus nuevos hermanos y hermanas 
adventistas. Es mucho mejor formar 

parte de la hermosa familia de la casa 
del Señor. 

Nuestras ofrendas de este tri- 
mestre ayudarán a construir nue- 
vas iglesias y brigadas por todo el 
centro de México, para que más 
personas puedan ser parte de la 

familia de Dios. 



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